EL MATE SE HIZO COCKTAIL EN EUROPA de la mano de un Quilmeño - Diego Cabrera
Vecino de Quilmes, vivió en La Colonia, cerca del Supermercado HZ, hoy La Genovesa y casi sin premeditarlo, marcó un hito en la historia de la coctelería madrileña. Yerba, ginebra, limón y algún ingrediente más, son la receta del trago en el que fusionó su infancia en Quilmes, sabores y características de distintas regiones argentinas, y su inventiva tras la barra. Ahora, en la noche de Madrid la gente toma mate. O algo así.
En marzo del 2001, mientras el país se hundía en el cauce de una de sus peores crisis económicas, con el flamante título de Licenciado en Comercio Internacional otorgado por la UN Quilmes bajo el brazo, Diego emprendió un viaje a Europa. En principio sería un año sabático, tras finalizar sus estudios.
“Mientras cursaba el último año de la facultad (donde desde el Departamento de Extensión, daban cursos de Barman y Barman Show, ya había empezado a trabajar en un bar cuando la coctelería en Argentina estaba mucho más avanzada que en Europa”, aclara el bartender creador del trago quilmeño, desde Madrid.
En el pleno auge de los Hard Rock Café -en la Argentina había abierto en 1995- y los tragos de culto, Cabrera comenzó a forjar el estilo que luego le serviría para obtener su primer trabajo en España en un hotel cinco estrellas. Cuenta que lo contrataron porque algunos turistas pedían tragos del estilo del Dry Martini o Bloody Mary, y él sabía cómo prepararlos.
Así sentó las bases de lo que, años más tarde, lo consagraría. En 2010, junto a varios socios, abrió el primero de sus bares, Le Cabrera, una coctelería que irrumpió en España al compás de los tragos de impronta frutal y refrescante, las primeras mezclas de vodka y frutos rojos. “Le Cabrera logró revolucionar la escena de la coctelería en Madrid. Pero de manera casual. Uno no abre un lugar con la idea de revolucionar. De eso nos dimos cuenta años más tarde”, recuerda.
Su crecimiento fue tal que en 2017 se animó a inscribirse en un concurso organizado por el Ministerio de Turismo argentino, que le permitiría crear un trago autóctono. “Así como Cuba tiene el Mojito y Perú el Pisco Sour, era imposible que Argentina no tuviera su propio trago”, explica. “Mate”, así de simple, fue el nombre elegido. Y la idea, fusionar varios aspectos de la patria en un solo cóctel.
Tiempo más tarde fue en Salmón Gurú, el bar madrileño en donde se comenzó a venderse el trago "Mate".
Ante todo estuvo la yerba. La acompañó con ginebra, “una bebida muy consumida en regiones rurales de la Argentina”, detalla Diego. Le agregó limón, teniendo en cuenta que la producción nacional es una de las mayores del mundo.
“El trago estaba armado, pero no se le podía llamar mate sin el recipiente. Entonces pensó que sería bueno también un homenaje desde ese lado”. Apuntándole al glaciar Perito Moreno, la idea fue aislar una gota, congelada, y que ese fuera el vaso. Ahora si: con la correspondiente bombilla, el trago pasó a tener, literalmente, forma de mate.
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